June 05, 2011

Envejeciendo


Recuerdo cuando tenía 20 años; mis piernas eran más fuertes de lo que son hoy, mis brazos tenían más potencia y agilidad, físicamente era más rápida, enérgica y veloz.

Me despertaba a las 5 am todos los días; andaba en bicicleta, dormía a las 10 pm; jugaba vollyball, practicaba otros deportes, trabaja en un gimnasio, estudiaba mi carrera, obtenía perfectas calificaciones; destacaba intelectualmente y tambien en el deporte; competitiva y disciplinada.

No me preocupaba por pagar una renta de un auto nuevo, por servicios de la casa, por tener el refrigerador surtido; por balancear tantas cosas en mi vida, tenía limitantes económicas, pero libertades físicas, mentales, personales; me cumplía caprichos simples con mi hábito del ahorro, satisfacía mis gustos, mis metas las cumplía. Era sólo responsable de lo que yo en ese momento quería.

Soñando con la independencia personal, laboral y económica que los 28 años me regalarían, hacerme cargo de mi misma, de una casa, de un hogar...de mis cosas.

Y ese día llegó...

Pagar renta, pagar luz, agua, cable, internet, comida, ropa, multas, refacciones; recibir el estrés laboral, social, económico y financiero; buscar un equilibrio personal, laboral, profesional, físico, intelectual. Mis pasatiempos, mis metas, mis pasiones, mis sueños, mis ideas, mis errores, mis frustraciones; mi vida completa en mis manos, trabajar para alguien más, generar ganancias, buscar cumplir las metas trazadas, capacitarme, exigir un aumento, pedir refuerzos, llorar, reir, gritar, sonreír, vivir...formando mi propio criterio, pasando la educación que me brindaron mis padres, escuela, trabajos por un sedaso y comenzar a quererme quedar con lo que a mi me sirve y aplica en mi vida; tener que admitir estar equivocada o no aceptar algo ya establecido por alguien más, debatir mi punto de vista.

Emancipación....

A los 28 años me veo en un espejo; sonrío al recordar lo logrado, pensar por que no tengo todo lo soñado, ¿será a caso que no todos los sueños se pueden hacer realidad?, bajar la guardia y repetirme: "no eres lo que muchos esperaban, eres lo que esperabas tú de tí"...y sonrío dudosa y temerosa de no dar un paso en falso al desear gritar "soy libre como soy...".

No tengo una casa con hijos y un marido; no tengo mi busto o mi abdomen sufriendo con las consecuencias de un embarazo, no tengo un anillo de compromiso siquiera en mi mano; sólo me tengo a mí, a mi cerebro, a mi corazón, mis metas, mi vida en una sociedad cambiante que acepta la libertad femenina y da apoyo para que logre sus metas pero también en una sociedad que no acepta esa misma libertad que los cambios sociales, laborales, mentales han ido creciendo en ella.

Dedicada a lo que me gusta, a lo que quiero; sin importar si está bien o no para los demás, buscando me respeten, aprendiendo a respetar a los demás; frustrándome por que me piden lo que no soy, por que pido lo que no son; con los ojos más que abiertos aceptando que voy creciendo, madurando, aprendiendo...deseándo más de lo que a los 20 años pude imaginar.

Estoy envejeciendo; estoy viendo que soy yo; original y rara a la vez.
Esto fué en Opinión de Beta León





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